lunes, 3 de diciembre de 2007

LA PSICOTERAPIA GESTALT COMO VÍA HACIA LA TRASCENDENCIA

LA PSICOTERAPIA GESTALT COMO VÍA HACIA LA TRASCENDENCIA.

Héctor Fco. Domínguez Flores (*)


INTRODUCCIÓN

Este artículo hace alusión a un esquema que el psicólogo e investigador Ken Wilber (K.W.) denomina espectro de la conciencia para ilustrar los principales niveles de identidad o de conciencia en que según él se puede ubicar al ser humano (Wilber, 1990, Pág. 21).

Aunque el autor citado menciona a la psicoterapia gestalt (P.G.) como una terapia perteneciente al nivel del organismo total o centauro y la considera la terapia existencial por excelencia, hay que decir que no la limita exclusivamente a dicho nivel.

La idea es presentar a partir de este esquema como la P.G. contiene los elementos teóricos y las técnicas requeridas para recorrer las bandas de ese espectro en el camino del encuentro consigo mismo.

Esta inquietud surge de una búsqueda iniciada desde la adolescencia, cuando, ahora entiendo, desde mi angustia existencial intentaba responderme a ciertas interrogantes como ¿cuál es el sentido de mi vida?, ¿por qué más tarde o más temprano debo morir?, ¿qué vale la pena buscar en la vida?, ¿qué es eso que llamamos Dios?, entre otras, sin poder encontrar una respuesta satisfactoria en la religión, los libros, personas que parecían conocedoras, amigos, diversiones, etc., hasta que por fin, años más tarde, establecí contacto con grupos que realizaban práctica espirituales, entonces comprendí qué era lo que buscaba.

A partir de entonces me fui acercando sucesivamente a diversas disciplinas y experiencias que tienden hacia lo transpersonal; sin embargo, en mi vida cotidiana he observado que a pesar de ello, durante todo este tiempo han estado presentes de alguna manera y en forma inversamente proporcional a mi proceso de crecimiento mediante la psicoterapia gestalt, la incongruencia, las pautas crónicas de evitación, los asuntos inconclusos, experiencias obsoletas e introyectos, el contacto pobre y la expresión inadecuada de sentimientos, la falta de honestidad en mis relaciones, etc.


(*) Héctor Fco. Domínguez Flores. Especialidad en Musicoterapia Humanista y Especialidad en Psicoterapia Gestalt.
Lo expuesto me ha llevado a pensar que la P.G. es una vía efectiva para ascender los niveles del espectro de la conciencia, de manera que el ser humano logre su autorrealización.

Para desarrollar estas reflexiones, de inicio se presenta una descripción del espectro de la conciencia y de cada uno de los niveles que lo conforman, así como la manera en que van trazándose las fronteras en cada uno de ellos, enseguida se menciona lo que propone K.W. para ascender por el espectro mediante un nuevo trazado de dichas demarcaciones con el consecuente ensanchamiento de la identidad, al tiempo que se involucra a la P.G. en este proceso. Aclaro que se mencionan solo algunos aspectos teóricos y relativos a técnicas de la P.G. que permitan aludir al espectro, sin pretender que son todos o su mayoría, ni profundizar en ellos.


EL ESPECTRO DE LA CONCIENCIA

El individuo tiene acceso a muchos niveles de identidad o de conciencia que pueden ser vistos como bandas de un espectro. En la base del espectro está la modalidad de percepción llamada conciencia de unidad en la que el individuo siente que es uno con el universo, con la totalidad de la creación. Esta modalidad es condición natural en el hombre, sin embargo, por diversas razones va limitando su mundo al establecer fronteras.

En consecuencia, la conciencia funciona en distintos niveles que corresponden a la manera en que percibe su identidad o cómo responde a la pregunta ¿quién soy? Explicar quién soy depende del lugar donde se traza la línea que cruza el campo de la experiencia, lo que queda dentro es yo mismo y lo que queda fuera es lo que no soy. La primera línea divisoria o frontera generalmente aceptada es la de la piel, que parece obvia y auténtica, lo que está dentro de la piel es yo, el organismo total, mientras que lo que está fuera no es yo.

Más tarde el hombre traza otra demarcación en el interior del organismo y se identifica solo con la mente, con una imagen mental de sí mismo y los procesos intelectuales y emocionales asociados a esa imagen, siente que es un ego o la imagen que tiene de sí mismo.

Aunque parezca extraño, después, incluso dentro del ego se establece otra frontera, pues el individuo se niega a admitir ciertas facetas de su psique, de manera que sólo admite algunas partes de sus tendencias y se queda con una imagen reducida de sí que constituye su máscara o persona y aliena los aspectos de sí mismo que no acepta, a los que se puede llamar sombra.

Hay que aclarar que entre la conciencia de unidad y el organismo total se dan los procesos transpersonales, llamados así dado que van más allá del individuo, como la percepción extrasensorial, las experiencias extracorporales, el testigo o yo transpersonal y las experiencias cumbre. Aquí la identidad no se expande a la totalidad pero se extiende más allá del límite de la piel.


Máscara
Sombra
persona
ego
Mente
Cuerpo
Organismo total
Medio ambiente
centauro
Conciencia de Unidad
Lo transpersonal
Figura: El espectro de la conciencia





El nivel de la persona

La mayoría de las personas nos encontramos en el nivel de la persona o máscara, es decir una imagen de lo que somos creada por nosotros para negar tendencias que no aceptamos, como impulsos eróticos, agresividad, enojo y otras, que no por ello dejan de existir y entonces sólo pretendemos no tenerlas. Lo más fácil es verlas en otro, proyectarlas en forma de sombra y quedarse solamente con la imagen reducida de sí mismo. En la proyección, un impulso que apunta al medio, al ser proyectado parece como si surgiera en él y se dirigiera hacia uno.

Cuando hacemos esto nos parece que carecemos totalmente de la característica o impulso que proyectamos y lo vemos en otras personas. Además defendemos con fuerza nuestra percepción por equivocada que se encuentre y nos resistimos de plano a reconocer que esos rasgos pueden ser nuestros, lo cual es explicable ya que nos disgustan en los demás y en el fondo en nosotros.

La persona ve en los demás la perversidad que todos llevamos en algún grado pero cree estar libre de ella, no la reconoce y no la acepta como parte suya, pero no por resistírsele desaparece, por el contrario cobra más fuerza y entonces ya no puede dejar de verla, pero lo hace en otras personas pues es incapaz de aceptarla en sí misma.

Las personas que nos afectan con intensidad, nos repugnan o nos fascinan en lugar de sólo informarnos, lo hacen debido a que nosotros tenemos esos rasgos que les atribuimos y que constituyen nuestra sombra.

Entre las proyecciones más comunes se pueden citar a la presión externa que en realidad es impulso proyectado, es decir siento que me presionan para hacer algo, pero la verdad es que se trata de mi propio impulso, pues de lo contrario, si no existiera mi propio impulso aunque me presionaran desde fuera no habría sensación de presión; la obligación, sentirse obligado es deseo proyectado, me digo que tengo que hacer algo porque no admito que en realidad quiero hacerlo; sentirse observado, como si todos se interesaran por nosotros desmedidamente, lo cual nos inmoviliza, es proyectar nuestro propio interés por la gente; sentir que la gente es hostil y provocativa y el consecuente miedo a personas y lugares, es la proyección de hostilidad hacia el entorno; sentirse rechazado, inferior, que no le gusto a nadie o que todo el mundo me critica, es mi tendencia a criticar y rechazar a los demás proyectada.

Es probable que efectivamente el entorno nos presione, que se pretenda obligarnos a algo, que seamos criticados o que algo en el entorno nos sea hostil, sin embargo no nos abrumaría si no sumáramos a esos hechos nuestras proyecciones.

Al proyectar la sombra se distorsiona no sólo la percepción de la realidad externa sino también la sensación de lo que se es internamente. Una vez que la sombra es proyectada sólo se puede sentir como síntoma. Así como se intentaba ocultar la sombra a sí mismo, ahora se procura esconder los síntomas de la mirada de otras personas. Los síntomas contienen a la sombra, en ellos se encuentran las emociones, tendencias o aspectos proyectados.


El nivel del ego

En este nivel la frontera se traza entre el ego y el cuerpo, demarcación que es reforzada por la arraigada creencia de que son dos entidades distintas y separadas. Se percibe como un jinete mental cabalgando un corcel de carne al que se le puede manejar sin tomarle parecer, la idea es “tengo un cuerpo” no la de “soy un cuerpo”, lo que equivale a proyectar el cuerpo.

Entre las razones por las que hemos abandonado nuestro cuerpo se encuentra la de que contiene con gran fuerza sentimientos y emociones que son censurados socialmente y además porque el cuerpo se encuentra sujeto a perecer. A medida que el niño crece va considerando el cuerpo con emociones encontradas, ve que es fuente de placer pero también que en él recae el dolor, la enfermedad y la muerte, es fuente de conflicto con los padres quienes se alarman ante sus productos de deshecho y algunas de sus funciones. De esta forma el cuerpo se va convirtiendo en algo ajeno al yo, la mayoría de la gente siente que tiene un cuerpo, no que es un cuerpo Esto hace conveniente identificarse solo con el ego que es el que rige los procesos voluntarios, el que tiene el control.

El individuo acepta que forman parte de su ser las acciones sobre las que ejerce su voluntad, y percibe a las espontáneas como algo que no es él, al cuerpo como algo que le atrapa, sujeto al pecado y al dolor, lo que le lleva a buscar insensibilizarlo y de hecho a no percatarse de él en grados diferentes, inmovilizándolo, bloqueando las sensaciones en algunas zonas o de manera generalizada.

Todo esto genera falta de sensación de profundidad y sensaciones significativas, ausencia de percepción del interior y atención sensible. Se piensa o imagina en el cuerpo o una de sus partes pero no se siente, se tiende a conceptualizar los sentimientos y traducir la atención sensible en imágenes y pensamientos.

Hay partes del cuerpo que parecen llenas de sensaciones y otras que se sienten sin vida, zonas insensibles y zonas tensas. Es decir hay bloqueos en el fluir de la atención sensible. La tensión se presenta especialmente en cuello, ojos, ano, diafragma, hombros y espalda, mientras la insensibilidad se da en pelvis, genitales, corazón, vientre y extremidades.

¿Cómo se forman estos bloqueos? La respuesta es que se originan para reprimir la expresión de una emoción o impulso negado, un grupo de músculos que inhibe se opone a otro que quiere descargar y lo frena, lo cual produce una pugna entre ellos, entonces ya no se siente la emoción, solo rigidez y tensión, por ejemplo, la tensión alrededor de los ojos puede ser contención de llanto, en las sienes para no gritar o reír, en hombros y cuello contención de enojo, en el diafragma restricción de la respiración para controlar la expresión emocional o la atención sensible en general, en la pelvis para contener la sexualidad y en las piernas el arraigo.

Estos bloqueos son contracciones de músculos voluntarios, lo cual indica que han sido creados deliberadamente, aunque sin saberlo, por esta razón es muy difícil relajarlos, o si se logra con mucho esfuerzo, no es por mucho tiempo pues retornan al dejar de esforzarse en relajarlos.


El nivel del organismo total o centauro

En este nivel se siente que los procesos involuntarios del cuerpo forman parte de uno mismo. Se acepta como propio, tanto lo voluntario como lo incontrolable, confiando en ellos al vivenciarlos como una misma actividad derivada de la espontaneidad profunda del organismo.

El individuo ya no es víctima de su cuerpo y sus funciones involuntarias, por lo que se responsabiliza de ellas y se asume como el que genera tanto sus procesos voluntarios, como los espontáneos, aunque no pueda controlarlos. Al aceptar que lo involuntario forma parte de uno mismo, se abandona el patrón de querer manipular y controlar todo, lo cual brinda una sensación de mayor libertad.

Ver que el organismo total se rige por una sabiduría infinita que dirige innumerables y complejos procesos simultáneos permite comprender que es posible apoyarse en ella con toda confianza, es darse cuenta que no es necesario buscar el placer mediante objetos y artificios, sino que la felicidad y el bienestar están ya en el organismo total en forma de energía y de los procesos mismos de la vida que se experimentan en el momento en curso.

El potencial que reside en el centauro es mucho más que la suma de sus partes, es el potencial expandido resultado de la integración del cuerpo, la mente y las emociones en una totalidad más profunda que tiende a su autorrealización.

El sentido de la vida está dado por el ser más que por el tener o hacer y en su proyección hacia el mundo e implica también aceptar en la propia vida la finitud y la muerte de todo lo que existe incluido el individuo. Estar en el centauro requiere de la atención sensible sobre el conjunto mente y cuerpo.


El nivel transpersonal

En este nivel se va más allá de lo individual con su problemática y sufrimientos, existe un yo que trasciende el tiempo y el espacio.

Implica sentir lo trascendente en uno mismo, en la vida y el mundo, percibir sin fronteras, abrirse a aquellos procesos que van más allá de lo personal y que son aspectos de un ser más profundo.

Se mira con una perspectiva más universal, la identidad se expande y el individuo ya no está identificado solamente con ser la persona, el ego o el centauro, con sus dificultades, su dolor y sus preocupaciones y puede verlos con desapego, comprendiendo que sin importar la magnitud de sus problemas personales, su ser profundo los trasciende y no es afectado por ellos.

El ser trascendente es un centro de conciencia que percibe, un testigo de las sensaciones y el cuerpo, las emociones y los deseos, los pensamientos y toda otra experiencia del individuo.

Este testigo permanece más allá atento y desapegado, ya que se da cuenta que no es la sensación, que no es el sentimiento, que no es la idea ni la vivencia, así, no se identifica con ellos; puesto que puede verlos no pueden ser él, lo que pasa a su ser personal no afecta al ser más profundo y transpersonal que lo trasciende.

El testigo contempla al conjunto mente cuerpo como objetos, sin embargo por ello trata a todos los objetos de su ambiente como a su ser mismo, ama lo demás porque lo demás es él mismo.

Hay una sensación interior de yoidad independiente de los cambios que se dan en lo físico, estado de ánimo, pensamientos y experiencias, algo básico dentro de nosotros que no es nada de eso ni es afectado por el correr del tiempo, las modificaciones del cuerpo, los recuerdos, el entorno, la forma de pensar, etc. Aún no se trata de la conciencia de unidad pero es el camino hacia ella.



EL CRECIMIENTODE LAS FRONTERAS

De la persona al ego

En este nivel la persona se resiste a su sombra, o sea a cualquier impulso o información inaceptable para su auto imagen, que proyecta en el ambiente y convierte en síntomas a los cuales también se resiste impidiendo así que emerja un ego preciso. Una clave es observar las personas o cosas del entorno que le afectan intensamente con repugnancia o fascinación en vez de informarle, pues indican las proyecciones, un reflejo de la sombra.

Para ir en pos del nivel del ego se requiere ayudar al individuo a que entienda y elabore su resistencia a la sombra, que vea como se le resiste y por qué, ya que si intenta contactar directamente con su sombra estaría duplicando su resistencia sin ver la raíz del problema. Cuando la persona ve que se resiste a determinados aspectos de sí misma puede ir disminuyendo dicha resistencia y comenzar a tocar su sombra en vez de evitarla.

Se precisa explorar los sentimientos de resistencia de la persona hacia sus pensamientos e impulsos para que pueda aceptarlos y logre tener una imagen más exacta y aceptable de sí misma.

La condición especial que pone de manifiesto y frustra la resistencia es la libre asociación para aflojar su censura crónica y que afloren a la superficie contenidos no queridos e inaceptables que son señalados por el terapeuta.

El primer paso es hacerle un lugar a los síntomas, quedarse con las sensaciones incómodas, permitirse sentirlos, contactarlos concientemente y aceptarlos por más incómodos que sean, no hay que rechazarlos, pues contienen la clave de su disolución. Al aceptar un síntoma se acepta gran parte de la sombra que oculta y el problema desaparece.

Si es necesario, en segundo lugar hay que traducir el síntoma a su forma original, ver en él una señal o tendencia ignorada, así la presión puede ser impulso, el miedo hostilidad, la obligación deseo, la incomodidad interés por los demás, etc.

Mediante los síntomas se encuentra la sombra, y mediante la sombra una imagen de sí mismo exacta y aceptable, lo cual conduce al nivel del ego.

Hay que enfrentar al paciente con sus opuestos, ya que solo ve uno de los lados y se niega a entender la unidad de las polaridades. Como los opuestos no pueden existir uno sin el otro, ya que son dos aspectos de una misma cosa, si no se conoce ambos, se sepulta el polo rechazado y en consecuencia se proyecta. La sombra son los opuestos desconocidos, por lo que una manera de establecer contacto con la sombra es suponer lo opuesto de lo que se desea en un cierto momento, para saber como ve el mundo la sombra y reconciliarse con esa visión, lo cual no implica que se actúe en función de los opuestos, sino que se tenga conciencia de ellos. Cuando puede ver tanto los sentimientos positivos como los negativos ante una situación, ya no hay lucha ni tensión entre los opuestos, pero en cuanto se pierde de vista que ambos están en uno mismo, el polo rechazado se vuelve oscuro y se convierte en un síntoma.

El individuo requiere explorar sus síntomas, opuestos y proyecciones para que asuma la responsabilidad de sentimientos y aspectos de sí que desconoce, que vea que sus síntomas son algo que se hace a sí mismo y que puede dejar de producirlos si los traduce a su forma original. Que recupere la proyección para comprender sus potencialidades negativas y positivas y llegue a tener una imagen aceptable de sí, aun cuando no todo le parezca deseable.

Desde el ángulo de la P.G. las condiciones especiales que ponen de manifiesto y frustran la resistencia en este nivel pueden ser básicamente la reapropiación de las proyecciones y el estiramiento del autoconcepto.

El proyector niega algunos aspectos de sí mismo y los adjudica al ambiente. De esta forma no acepta los actos o sentimientos que para él son inadmisibles, aunque está presto para achacarlos a otros. Se requiere que los reconozca como suyos para que expanda su rígido sentido de identidad (Polster, 1980, Pág.86).

Ha de efectuarse la reapropiación del material proyectado a efecto de que el individuo tome contacto con su propia naturaleza, de manera que con base en esa comprensión de lo que sabe o intuye acerca de sí mismo pueda aceptarse y empatizar con los demás.

Según Zinker, la persona saludable constituye un círculo completo que posee miles de polaridades integradas y entrelazadas que se fusionan todas entre sí, conoce la mayoría de esas polaridades, incluso aquellos sentimientos y pensamientos que la sociedad reprueba y es capaz de aceptarse tal como es. Puede haber puntos oscuros o aspectos desconocidos en su conciencia, pero que al percatarse de ellos, por una parte puede sentir pena y por otra desear incorporarlos a su autoconcepto, es decir que aun cuando no los apruebe es capaz de aceptarlos (Zinker, 1991, Pág. 168).

Así, el autoconcepto saludable permite a la persona percatarse de que en su interior operan múltiples y relacionadas fuerzas contradictorias. Las personas perturbadas niegan las facetas que consideran repulsivas o inaceptables y tienden a proyectarlas en otros, pues verlas les trae inevitablemente ansiedad y síntomas neuróticos. Las partes negadas parecen brotar como algo que escapa al control de la persona quien no asume que le son propias.

La P.G. indica que para crecer es preciso estirar el autoconcepto, poniendo al descubierto las partes del sí mismo que no son aprobadas, entrando en contacto con ellas y con la forma en que son mantenidas en secreto. Se llama estiramiento en virtud de que el movimiento hacia una polaridad trae un movimiento en la dirección opuesta y hace a ambas más auténticas.


Del ego al organismo total o centauro

El ego se resiste a la atención sensible del centauro, en parte por su incapacidad de mantener la percepción centrada en el presente inmediato. Dado que opera básicamente explorando el pasado y anticipando el futuro, el pensamiento mismo es una resistencia al centauro.

La condición especial que pone de manifiesto y frustra la resistencia en el nivel del ego es que deseche todos los contenidos que tengan que ver con el pasado y el futuro y que ponga su atención sensible en el aquí y ahora inmediato.

Para ir del ego al centauro, se prescribe contra la evitación, el darse cuenta en el aquí y ahora inmediato, mostrando al individuo las huidas de la percepción del presente hacia el pensamiento, señalar y frustrar la evitación del presente hasta que entienda la manera en que evita el centauro con sus fugas al ego e impedir que explore su pasado

Que sienta el flujo de la excitación en el cuerpo y perciba su curso, renunciando al control de modo que sus sensaciones profundas lleguen a la superficie. Que conecte con su cuerpo sintiéndolo en vez de imaginarlo, recurriendo a su atención sensible más que al pensamiento e imágenes.

De manera práctica sugiere en primer lugar que el individuo detecte zonas de insensibilidad y tensión que bloquean el flujo de la atención sensible ubicando bien su localización y se percate que él es quien está produciendo esos bloqueos, es decir que tenga la sensación directa de cómo tensa activamente esos músculos. Esto se logra incrementando esa tensión o presión particular deliberadamente, contrayendo más los músculos, teniendo presente que está procurando contener algo, para empezar a ver que ha sido el mismo quien ha estado tensándolos y pueda en su momento liberar hacia fuera esa energía en vez de dirigirla al interior.

El segundo paso es abrirse a las emociones enterradas bajo la contracción muscular, que por lo regular no son terribles y destructivos sentimientos como podría imaginarse, sino más bien tibios que pueden ser liberados con llanto, gritos, una rabieta o golpeando cojines. Esta liberación emocional se da al empezar a responsabilizarse de incrementar la tensión muscular que causa el bloqueo, ya que tiende a recordar contra qué los contraía.

Debe trabajarse para que acepte que los procesos corporales involuntarios forman parte de sí mismo y comprenda que no necesita controlarse para poder aceptarse. Que se responsabilice por sentirse cómo se siente y por ser la fuente profunda de sus procesos voluntarios e involuntarios.

Las condiciones que ponen de manifiesto y frustran la resistencia en este nivel parecen tener su correspondencia en la P.G. en las tres actitudes básicas señaladas por Naranjo: estar aquí y ahora, estar conciente y ser responsable, tres aspectos de un modo de ser en el mundo (Naranjo, 1990, Pág. 15).

Responder por las propias acciones y sentimientos implica estar presente, estar aquí y ahora conlleva estar conciente y darse cuenta implica ser responsable.

Para que se den las actitudes, se precisa tener la visión del cuerpo físico como fundamento de nuestra existencia en el mundo, inseparable del sí mismo y relacionado totalmente con la vida emocional y los temas perdurables del individuo.

Explica Kepner que el sí mismo es tanto corporal como mental y que dicho sí mismo es el integrador de la experiencia, ahora bien, el ciclo de la experiencia empieza en la sensación que es la formación indiferenciada de la experiencia que más tarde se organiza por la necesidad que emerge (Kepner, 1987. Pág. 93).

La capacidad de la sensación plena es conocida como cimentación, ya que es el fondo sensorial que da sustento a nuestro sentido de la realidad. Sin una sensación clara del sí mismo y el entorno, los significados y las acciones que se emprenden no se relacionan con las necesidades reales.

La generalidad de las personas tiene una capacidad disminuida para la sensación, cuyo rango fluctúa entre la descorporificación grave hasta la desensibilización selectiva para afrontar incomodidades temporales. La desensibilización se da mediante la atención selectiva, la interferencia en la respiración y la contracción muscular crónica.

¿Que recomienda la P.G. en voz de Kepner?: la resensibilización, volver a despertar los sentidos, lo que significa tratar con el dolor y las heridas de la historia personal y a la vez aceptar las realidades dolorosas y felices del presente, afrontar la cruda realidad sin retraerse, aceptar la plenitud de la vida para dejar de tener una pseudoexistencia.

Para ello propone centrar la atención en la experiencia corporal, la respiración continua y regular y la vivificación de áreas del cuerpo limitadas en su sensibilidad, el contacto físico y la exploración verbal. Finalmente indica que sin contacto con el cuerpo no se tiene sentido de la propia situación en el mundo, sin contacto con las sensaciones organísmicas internas hay solo vacío, una sensación de no soy nada.

Debe mencionarse también las técnicas supresivas de la P.G., indicadas para evidenciar la actividad mental que no permite la vivencia del aquí y ahora: anticipaciones, recuerdos, fantasías y juegos de calce o diálogo interno. Consisten, dice Naranjo, en solo atender a los contenidos de la conciencia dejando de hacer cualquier otra cosa que no sea vivenciar. Entre ellas están las relativas a contar historias, acercadeísmo, debeísmo y manipulación. Las técnicas expresivas pueden, de igual forma, incrementar el percatarse, ya que es posible conocer el sí mismo mediante la expresión intensificada. Destacan las técnicas de iniciación de acciones, completar las acciones y búsqueda de lo directo (Naranjo, 1990, Pág. 66).





Del organismo total o centauro a lo transpersonal

En el nivel del centauro la resistencia es a la conciencia de unidad. El individuo percibe el ambiente y los objetos que contiene como si estuvieran separados de él, resistiéndose a la toma de conciencia de unidad con todos esos objetos percibidos. De esta manera rechaza que todos los objetos ambientales formen parte de su verdadero ser y tiene una falta de disposición global para mirar la totalidad.

La resistencia es la mala disposición a contemplar la experiencia como un todo tal como es en el momento presente, intentando apartarse globalmente, resistirse al presente, mirar hacia otro lado, retirarse del ahora y en consecuencia sufrir.

La condición especial que pone de manifiesto y frustra la resistencia a la conciencia de unidad es la de las prácticas espirituales.

Las prácticas espirituales muestran de qué manera se da la resistencia a la conciencia de unidad y esta resistencia es enfrentarse con ella. La idea es no intentar ir directamente hacia la conciencia de unidad sino entender como se aparta uno de ella.

Es preciso hacer notar que la P.G. comparte muchos elementos con las disciplinas espirituales como el budismo zen, el taoísmo, el sufismo y el yoga. Resaltan, por ejemplo: en la realización del contacto, que es un momento del proceso de contacto, según Perls, Hefferline y Goodman, citados por Quitmann, (Quitmann, 1989, Pág. 103) cuando la necesidad se funde con el sí mismo en una unidad y por un instante el sí mismo es la figura y prácticamente no hay fondo, el límite de contacto se ha disuelto y el sí mismo se autodescubre; el darse cuenta de que se da cuenta o la consciencia con sc, hecho que en sí mismo es transpersonal y que equivale a instaurar dentro de sí al testigo del que habla K.W.; estar con lo que está aquí y ahora, responder a las cosas a medida que aparecen, fe en lo espontáneo, es decir fluir, o el “vivir con gozo” del zen, en el que cuando algo aparece, lo percibo, si algo se necesita, lo hago, luego lo siguiente y luego lo que sigue, vivir de esta manera o en forma alterna, ir dejando gestalts sin concluir que reclamarán constantemente la energía vital; la alegría de vivir que proviene necesariamente de estar en el presente privilegiando el uso de los sentidos por sobre el raciocinio; permanecer en el vacío fértil para que emerjan libremente las figuras, transformando así el vacío estéril; estar conciente, darse cuenta, el trabajo de la atención se relaciona con la espera atenta o vigilancia sin objeto a la que sobreviene el satori; “no empujes el río, déjalo correr” se parece a la idea taoísta de no intervención en el curso de las cosas; el reconocimiento e integración de polaridades alude a los dos principios esenciales e irrenunciables del tao: yin-estabilidad y yang-movimiento; la idea de gestalt como totalidad semejante al concepto de tao; la aceptación del ser humano tal como es, percibirlo con sus posibilidades y sus límites cuando está viviendo en el presente propios del budismo; el continuum de conciencia que tiene carácter meditativo, en el que se expresa aquello que entra a la conciencia, aunque a diferencia del zen, tiene que ver con la relación dialogal; el desapego para quedarse en un punto neutro y ver desde ahí; y sin duda, muchos más.

REFLEXIÓN FINAL


La psicoterapia gestalt, cuya denominación más precisa quizá debiera ser psicoterapia de la conciencia, parece ser una vía eficaz para recorrer los diferentes niveles del espectro planteado por Ken Wilber, desde que el ser humano se encuentra en el nivel de identidad de la máscara hasta el de lo transpersonal, pasando por el del ego y el del organismo total.

Esto equivale a decir que no solo puede beneficiar a los atribulados y neuróticos, sino que como forma de vida o mediante procesos de desbloqueo de las pautas crónicas de detención, puede poner al hombre en el camino de la espiritualidad, entendida como salud y conciencia, una espiritualidad que requiere entrega y constancia, más allá de la sola aplicación de las técnicas, una espiritualidad que no sea una evasión en la que debido a las gestalts inacabadas el hombre imagine ser perfecto y puro, o en la que el cuerpo con todos sus procesos fisiológicos sea algo pecaminoso y motivo de vergüenza, donde el contacto y la expresión de sentimientos sea tabú, las creencias y el pensamiento con sus recuerdos o anticipaciones innecesarias sustituyan a la vivencia y el sentimiento de separatidad a la trascendencia.


BIBLIOGRAFÍA

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ZINKER, Joseph. (1991). EL PROCESO CREATIVO EN TERAPIA GESTÁLTICA. Editorial Paidós. Buenos Aires, Argentina.

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